Sherezade pasó mil y una noches salvando su vida una y otra vez mientras embelezaba al sultán con sus maravillosos cuentos, yo, escribo mi post número 1001 - llegué a mil y no me dí cuenta - y la verdad no me lo creo.Mi blog no ha sido puro cuento. En sus principios era una especie de blog rosa, con mucho copy paste de cosas que me llamaban la atención y anécdotas cursis de mi vida anterior. Luego, hace poco mas de un año, empezó a crecer junto conmigo. En cierta forma, mi blog ha sido mi mejor amigo en los malos momentos, pues aunque muchos lectores apreciaron mi mas profundo estado de depresión, no les escribía a ellos. Me escribía a mi mismo, tratando de abrirme los ojos, buscando respuestas que estaban dentro de mi.
Los cuentos acerca del guerrero, como muchos adivinaron, no eran mas que mi lucha para entender mi nuevo entorno, mi obligada libertad, mi guerra interna por no odiar, la necesidad de dejar de amar, el remolino sentimental que contrajo mi corazon hasta volverlo de piedra para luego hacerlo estallar liberándome de esas ataduras, comprendiendo mis sentimientos y procurándo no apegarme a ellos, no actuar de su mano.

Me han criticado muchísimo por escribir cosas demasiado privadas, dejando entre abierta la puerta a personas que pudiesen dañarme. Algunos lectores han descifrado mis haikus, encontrando en ellos historias mas allá de la métrica, que rompen los "esquemas" zen para volverse haikus personales, urbanos ... Diario, es la primera palabra en el título que se lee en la cabecera. Pero, no soy común, y quien me lee lo sabe, quien me conoce me odia o me ama, me respeta o me teme porque "soy", porque sé quien soy y aunque no sé a donde voy, sé de donde vengo.
Los grandes artistas no hacen mas que criticar sus obras. No puedo criticar mi blog porque no soy un gran artista y mi blog no es mi obra, soy yo mismo. Vaya, sonó feo - casi ególatra - Pero ¿qué puedo hacer? soy bloguero, soy humano, soy un ex católico tratándo de ser budista, soy un ex de alguien tratándo de ser yo mismo, soy un hombre poco común y escribo mi alma en la red.



